
En el aeropuerto de Osaka una familia espera a la llamada de embarque de su vuelo.
El hombre rodea con su brazo la cintura de su mujer y de vez en cuando le frota suavemente la espalda, en sustitución del abrazo tierno y confortador que, en realidad, querría darle.
La mujer, de menor estatura se deja abrazar por él y cuando nota la energía de esa caricia en su espalda levanta la cabeza y mira a su marido a los ojos hasta que nota la chispa en su mirada que corrobora una infinita tristeza.
A su alrededor, un niño alegre, vivaracho y diminuto corretea de arriba a abajo por la inmensa sala de ese aeropuerto.
Curioso, inquieto y feliz, el niño grita y se emociona cada vez que ve aterrizar o despegar un avión a través de los cristales.
Los padres, tristes, lo observan sin decirse lo que saben: su hijito es uno de tantos niños que son víctimas de la radiación de Fukushima.
El chiquitín, sin embargo, disfruta alegre en ese instante del amor de sus padres y del presente.
Está claro que la felicidad no depende de la altura.
El hombre rodea con su brazo la cintura de su mujer y de vez en cuando le frota suavemente la espalda, en sustitución del abrazo tierno y confortador que, en realidad, querría darle.
La mujer, de menor estatura se deja abrazar por él y cuando nota la energía de esa caricia en su espalda levanta la cabeza y mira a su marido a los ojos hasta que nota la chispa en su mirada que corrobora una infinita tristeza.
A su alrededor, un niño alegre, vivaracho y diminuto corretea de arriba a abajo por la inmensa sala de ese aeropuerto.
Curioso, inquieto y feliz, el niño grita y se emociona cada vez que ve aterrizar o despegar un avión a través de los cristales.
Los padres, tristes, lo observan sin decirse lo que saben: su hijito es uno de tantos niños que son víctimas de la radiación de Fukushima.
El chiquitín, sin embargo, disfruta alegre en ese instante del amor de sus padres y del presente.
Está claro que la felicidad no depende de la altura.
©Foto: City is mine por k n u l p, vista en Flickr ©All Rights Reserved.
3 comentarios:
Precioso, Chus, enhorabuena!
Gracias Gloria. ¡Un abrazo!
Hola cariñito un premio a tu sensibilidad por los pequeños.
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